El 1° de enero de 1994, hace ya tres años, cuando la mayoría de la población del mundo estaba sumida en lo más profundo de la desesperanza provocada por la reorganización neoliberal de la sociedad, cuando la lucha armada en América Latina parecía haber probado su inutilidad o su ineficacia, cuando el desmembramiento de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín mostraban con dureza la cara semioculta de la otra versión del poder, cuando los más intentaban adaptarse resignados o entusiastas a la modalidad tecnocrática de la mediocridad y la sumisión y muy pocos mantenían todavía el sueño libertario y el espíritu rebelde, un pueblo indígena, un pueblo que ya no aparecía en los registros poblacionales de la demografía neoliberal más que como vestigio, se levanta con el arma de la dignidad enarbolando banderas que habían perdido ya todo su contenido y que de pronto cobran nuevo valor: democracia, libertad y justicia.
De manera inusitada la palabra verdadera de los zapatistas recorre el mundo y en pocos días hombres y mujeres de las más diversas culturas, sectores sociales, lenguas y contextos históricos se suman a su causa y la hacen propia. La palabra zapatista aparece, en unos cuantos días, como razón de una lucha universal en contra de un sistema de dominación universal.
Estos tres años han sido escenario de múltiples experiencias y reflexiones para todos aquellos que escucharon la palabra verdadera, para todos aquellos que hicieron posible el inicio de un debate internacional que ya no se detiene, para quienes creen que es posible crear un mundo sustentado en los principios de mandar obedeciendo y para todos todo.
El desconocimiento de los Acuerdos de San Andrés por parte del gobierno mexicano marca un punto de inflexión con múltiples salidas. Un balance retrospectivo de las experiencias de estos tres años puede ser de gran utilidad para reflexionar y construir juntos el camino hacia la utopía, dentro del espíritu comunitario que los zapatistas nos han transmitido. Con la finalidad de contribuir a este proceso hemos realizado una entrevista internética con luchadores sociales y/o pensadores críticos de diversos lugares del mundo. Las respuestas coinciden en la búsqueda de nuevas formas de hacer política, en el rechazo y en ocasiones horror por cualquier signo de autoritarismo, por los partidos y viejas formas de organización política, por los sistemas de dominación, los vicios de la izquierda y en general cualquier tipo de intolerancia, imposición y sumisión. Desde el más entusiasta optimismo hasta una desesperanza que no termina de ser derrotada, desde el elogio hasta la duda, hay un convencimiento compartido sobre las virtudes de la democracia directa y el pensamiento-puente de las comunidades zapatistas de Chiapas y un claro interés por construir juntos un mundo nuevo.
Sirva esta entrevista como testimonio de la unidad en la diversidad y como reconocimiento a la palabra y la acción zapatistas, que son proceso y no fin.
1
Remontándose al momento en que se conocieron las primeras acciones y pensamientos zapatistas, ¿qué fue lo que determinó su acercamiento con el zapatismo?, ¿qué hizo que compartieran sus ideas?, ¿por qué desde realidades tan distintas pudieron confluir o incluso abanderar la causa zapatista?
MASSIMO DE ANGELIS:[1] Tengo un lejano recuerdo del 2 de enero de 1994 cuando me enteraba por el periódico de este nuevo grupo latinoamericano tomando algunas cuantas ciudades en una región desconocida de México llamada Chiapas. Recuerdo mi reacción doble: por un lado, estaba absolutamente feliz de que alguien perturbara al ejército y al gobierno mexicanos exactamente en el día en que México ingresaba al club NAFTA; por el otro, nunca pensé que la gente involucrada en este levantamiento pudiera ser como los zapatistas que llegamos a conocer después, e implícitamente pensé que se trataba de una guerrilla tradicional, con todas sus limitaciones y con todo lo déjà vu. Ahí las noticias empezaron a correr, mi amigo Harry[2] comenzó a enviarme mensajes por correo desde Estados Unidos acerca de la rebelión y la gente empezó a comentar sobre su carácter novedoso.
Realmente no me hizo falta ningún convencimiento a propósito de los métodos de lucha e ideas zapatistas por dos razones. Primero, nunca me sentí adoctrinado. Un adoctrinamiento ocurre cuando alguien te indica lo que debes pensar y cómo debes subordinar tu vida y tus acciones a ello. Como en un salón de clase, tienes que repetir lo que el profesor te dice para obtener una buena calificación. Como en el viejo modelo de "revolución", cuando debíamos subordinar nuestros pensamientos y necesidades con el fin de actuar y pensar tal y como lo dictaba el partido. No, los zapatistas fueron honestos en este punto desde el principio. Ellos contaron su historia y la contaron a su manera. ¡Había ya tanta dignidad en esto! Y nos dijeron que no era la historia completa sino un fragmento. Era nuestro turno para hablar. Con la humildad como arma, como catalizador. Segundo, me gustaría poder decir que en algunos aspectos yo ya era zapatista antes de que los zapatistas emergieran (por supuesto lo llamaba de otra manera en ese momento), pero lo era en "teoría". Yo "sabía" que lo que en la vieja tradición radical del Occidente llamábamos "clase obrera" no era de hecho solamente la víctima de la explotación y la miseria sino también un conjunto de seres humanos dignos en continua pelea. "Sabía" que esta "clase obrera" no constituía una fuerza homogénea sino que estaba dividida jerárquicamente por medio de líneas sexuales, raciales y nacionales. "Sabía" que la creación de un mundo nuevo sólo podría surgir en el proceso mismo de transformación y no "después" de la revolución. "Sabía" que para ello no podíamos unirnos en pos de la unidad misma, subordinando la dignidad, las necesidades y las aspiraciones de un grupo de gente (mujeres, negros, campesinos o quienquiera) a la búsqueda del "bien mayor". "Sabía" que todas las luchas eran importantes y que tendrían que encontrar un medio de expresión en el proceso de construcción del mundo nuevo. Y también sabía que la forma tradicional de hacer política era sumamente aburrida. Pero creo que todo este "conocimiento" servía solamente para escribir artículos y participar en debates exhaustivos acerca de cómo podríamos cambiar el mundo y qué modelo de transformación y organización política adoptaríamos. Los zapatistas pudieron catalizar tanta energía social y humana que ahora empezamos a hablar sobre lo que estamos cambiando, cuándo lo cambiamos, cómo lo cambiamos y, haciendo eso, estamos convirtiendo todos esos conocimientos que mencioné de objeto del debate en conditio sine qua non, en un conjunto de principios básicos que cualquiera que quiera incorporarse a la lucha acepta. Desafortunadamente para los partidos marxistas, los zapatistas volvieron realidad esa maravillosa frase de Marx que indica: "la crítica radical es aquella que toma las cosas por su raíz. Y para el hombre su raíz es el hombre mismo".
Y yo creo que eso explica por qué tanta gente, de tantos lugares distintos, modos diversos de vida y de lucha, está fascinada por los zapatistas. Ellos abrieron un espacio. Y ya dijeron que no tienen un programa para nosotros (aquí el espacio lo tenemos que llenar con nuestra propia imaginación). Aceptan la solidaridad pero solidarizándose con nuestras luchas (aquí el espacio debemos llenarlo con nuestras luchas y redes de comunicación). Tomemos por ejemplo el primer Encuentro. Imaginemos que en cualquiera de los momentos revolucionarios del pasado se hubiera organizado una reunión internacional donde la invitación se hubiera extendido no sólo a los miembros del partido sino a todos: a gente de los sectores populares (grassroots), militantes, mujeres y hombres que quisieran un cambio. Y que la reunión fuera convocada no para pedir solidaridad con los insurgentes sino para intentar responder a las siguientes preguntas: ¿De qué manera les afecta a ustedes el poder contra el que nos rebelamos? ¿De qué manera lo experimentan gentes que provienen de tan diferentes partes? ¿Cuáles son sus experiencias de vida con respecto a las estrategias económicas contemporáneas, la preeminencia del mercado, la guerra, los recortes del gasto social dirigido a satisfacer las necesidades básicas? ¿Cómo combaten, en qué luchas están involucrados, cuáles son sus dificultades y cuáles sus posibilidades de trascender las condiciones de los mercados, las fábricas, las políticas estatales y aquéllas en las que los organismos internacionales tratan de someterlos? ¿De qué maneras reconstruyen su dignidad humana frente a las indignas condiciones de dependencia en que el dinero intenta someterlos permanentemente frente a sus autoridades superiores, al mercado, a su jefe, a su partido? ¿Cuáles son sus esperanzas, qué imagen tienen del mundo, con qué visión de las necesidades y de la manera de satisfacerlas con un sentido humano nuevo sueñan? ¿Cuál es el terreno común entre nosotros, de qué manera podemos relacionar las mutuas esperanzas, luchas, necesidades, aspiraciones, deseos, vidas? Todas éstas son grandes cuestiones que no tienen respuestas fáciles y, hasta donde sé, nunca habían sido planteadas después de la revolución soviética, ni en China, Argelia, Cuba o Nicaragua. Sin embargo, esto fue lo planteado en el primer Encuentro por la Humanidad y contra el Neoliberalismo el verano pasado. Las respuestas no llegaron fácilmente y, tal vez, muchas nunca llegaron, pero la importancia histórica del Encuentro consiste en haberlas formulado y en que hubo, y entre mucha gente sigue habiendo, la determinación de repetirlas nuevamente hasta que algunas respuestas, no sólo en teoría sino en la práctica, puedan ser encontradas.
FRIEDERIKE HABERMANN:[3] Lo que inició mi acercamiento al zapatismo fueron las palabras del Sup y el haber encontrado dentro del movimiento zapatista gente con la cual estoy dispuesta a cambiar el mundo. Fuera del zapatismo hay mucha gente con imágenes de revoluciones que no me parecen emancipadoras y en esos casos prefiero renunciar a participar.
Muchas veces tuve (y tengo) la impresión de que es difícil encontrar gente fuera de mi entorno particular con las mismas ideas políticas de izquierda; la mayoría sostiene una idea muy estructurada, jerárquica, dogmática, eurocentrada y, no por último, sexista. Y entonces descubrí que en la otra punta del mundo hay un movimiento con la misma comprensión política emancipadora y que hasta llega a constituir la esencia de una red internacional de resistencia. Por eso me decidí a participar en ese movimiento.
Claro que las situaciones son muy distintas en la Selva Lacandona y en la selva metropolitana europea. Pero existen también elementos comunes ya que el neoliberalismo, es decir el capitalismo, penetra en nuestras vidas y las determina, de muy distintas maneras y en niveles que comparativamente pueden parecer más o menos privilegiados, pero siempre con presiones económicas y violencias emocionales. El capitalismo neoliberal nos fuerza universalmente a vender una buena parte de nuestras vidas, de nuestras emociones, de nuestros deseos y anhelos.
COLLETIVO INTERNAZIONALISTA DE TORINO:[4] A nosotros nos atrajo el interés, la simpatía y la solidaridad con todos los que, en general, "se mueven en contra". También la reacción frente a la mentira y la saña con la que los medios de comunicación italianos, incluidos los de "izquierda", tildaban a los zapatistas de terroristas, de residuos de una lucha obsoleta "destinada al fracaso" (el mismo rencor y desprecio que expresarán más adelante hacia el EPR), alineándose con las posiciones oficiales del gobierno mexicano.
Más que en el pasado, consideramos que es en este momento cuando las condiciones materiales para la internacionalización de las luchas y de la solidaridad están maduras. La globalización del mercado y de la miseria, la violencia con la que el neoliberalismo impone la progresiva nivelación hacia la baja de las condiciones de vida de masas siempre más amplias de la población permiten a las clases subalternas de los diferentes países sentirse y ser más fácilmente solidarias contra el enemigo común. El 1° de enero de 1994 ha marcado en este sentido un momento emblemático, quizás el inicio de una época: por un lado el NAFTA, con todo lo que representa, por otro el EZLN y la solidaridad.
Además la experiencia zapatista llegaba al fin a romper un largo periodo en el que pueblos enteros y las clases subalternas a nivel internacional habían acumulado principalmente derrotas y resignación (pensamos en las experiencias nicaragüense y salvadoreña, en la guerra del Golfo, en las guerras disfrazadas como "étnicas" en Yugoslavia y otros países, en todo lo que el proletariado europeo iba rápidamente perdiendo después de duros años de conquistas, etcétera). El EZLN y los indígenas de Chiapas representaban entonces un nuevo signo de esperanza, la rebelión aún posible, una luz que no tenía que apagarse.
En particular llevaban consigo importantes elementos de novedad en los contenidos y en los métodos. En sus comunicados el EZLN expresaba con fuerza un mensaje que traspasaba los confines locales, se dirigía a los pueblos del mundo, alentaba las luchas dondequiera y comoquiera que se expresaran, llamaba a la unidad.
ULRICH BRAND:[5] Yo conocí los primeras acciones zapatistas el 2 de marzo del año 1994 por la prensa. A partir de febrero del mismo año las revistas internacionalistas empezaron a difundir informaciones y en la revista Links (Izquierda), donde yo trabajo, también tradujimos artículos y comentarios de La Jornada. Por ejemplo, en febrero un artículo de la redacción, uno de Luis Javier Garrido, la Primera Declaración de la Selva Lacandona y otras informaciones. Por falta de un colectivo en mi ciudad, me integré en la coordinadora a nivel federal.
Además, a mediados del año 1993 ya había empezado a plantear un viaje a Estados Unidos y México, porque me interesaba la integración del país más poderoso del mundo con un país periférico y las realidades y oportunidades de resistencias que esto generaba.
Lo que determinó mi acercamiento fue por supuesto la solidaridad con cualquier movimiento emancipativo pero -por mi propia historia- también el hecho de conocer mejor algunas partes de América Latina que las de otros continentes (en general, el movimiento de solidaridad internacional en Alemania está muy orientado hacia movimientos de liberación en América Latina). Además, me fascinó que en el "fin de la historia" un grupo de mujeres y hombres mostraran su interés por las condiciones concretas en el mundo, en México y en Chiapas, gritando un ¡Ya basta! tan fuerte e inteligente.
Comparto sus ideas por mi fascinación con todas las luchas emancipativas, y por la solidaridad con seres humanos que se resisten al poder, a la destrucción de la vida, a la ganancia y a la estupidez. Pero, por otro lado, la gran fuerza y atracción del zapatismo es, según mi opinión, su capacidad para reflejar los cambios mundiales, sobre todo la desaparición de la Unión Soviética. No hay conceptos claros para elaborar políticas sociales revolucionarias pero hay algunas precondiciones que muchos movimientos emancipativos no vieron: que el contexto concreto de las luchas es fundamental y a partir de éste se pueden buscar diversas confluencias (yo diría que actualmente se plantean como la resistencia en contra del neoliberalismo y la necesidad de superar la perspectiva de la liberación en el nivel nacional).
No puedo decir si los zapatistas lo hicieron deliberadamente (me interesaría mucho saberlo), pero las referencias tan abiertas a conceptos propios de la sociedad burguesa (justicia, democracia y libertad) en un tiempo posterior al del socialismo autoritario fue una suerte increíble. Estoy convencido de que una precondición para una sociedad profundamente humana (yo todavía diría socialista) es la radicalización de estos valores en vez de su negación, como ocurrió en el caso del socialismo autoritario con respecto a la democracia y la libertad. Paradójicamente, comunidades que no tenían derechos en una sociedad burguesa son las que están promoviendo esto.
Al lado de libertad, justicia y democracia, es fundamental el concepto de dignidad. No hay dignidad en la sociedad patriarcal y capitalista, y menos en su fase neoliberal.
La coincidencia con "la causa zapatista", personalmente, creo que al principio era sobre todo solidaridad concreta con un movimiento de liberación. Pero durante los últimos tres años, mediante muchas discusiones y lectura, muchos empezaron a entender lo que podría significar "la causa zapatista" para nosotros. Es todavía un proceso. En tiempos de poca combatividad, de tantas luchas defensivas o incluso reaccionarias, el motivo ofensivo detrás del levantamiento, o sea el de atacar al poder y a las estructuras capitalistas y patriarcales, me rompe la cabeza y el corazón.
MARC TOMSIN:[6] El 1° de enero de 1994 mi curiosidad y simpatía frente al levantamiento zapatista en Chiapas fueron inmediatas: para un anarquista, "Tierra y libertad" remite tanto a la memoria de la revolución mexicana de inicios del siglo XX (Flores Magón, Villa y Zapata...) como a la de los campesinos ucranianos de 1917 a 1921 (Nestor Makno) y, por supuesto, a la de la revolución española de 1936, a la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores) y la FAI (Federación Anarquista Ibérica) y a las colectividades agrícolas de Aragón (cuya historia me fue transmitida directamente por sobrevivientes anónimos en su exilio en Francia).
Yo ignoraba prácticamente todo de Chiapas y me vi obligado a revisar la geografía. Encontré un buen guía en Bruno Traven, quien, bajo su primer seudónimo de Ret Marut, me remitía también a la efímera República de los consejos de Baviera (en 1919, con los anarquistas alemanes Mühsam y Landauer) y a los "wobblies" americanos (Industrial Workers of the World).
Fue entonces, leyendo simultáneamente a Traven y las primeras declaraciones de los insurgentes chiapanecos de 1994, que comencé a entender al EZLN. Al tiempo, las primeras acciones de los zapatistas de 1994 hablaban de ellos mismos: apertura de prisiones, destrucción de registros municipales, judiciales, policiacos...
Me falta agregar que, después de mayo de 1968 de mis dieciocho años en París, no tengo el recuerdo de haber escuchado a un movimiento social revolucionario proclamar tan claramente como lo ha hecho el EZLN que no tiene como objetivo la toma del poder. Esto, junto con la práctica de la democracia directa en las comunidades, es indudablemente la razón esencial de mi solidaridad activa con los zapatistas.
En cuanto al obstáculo de mi ignorancia sobre la realidad chiapaneca, o más bien mexicana, rápidamente fue superado, desde el verano de 1994, mediante los encuentros y "pláticas" que pude sostener primero con compañeros de Barcelona que conocen México, después con mexicanos que se convirtieron en compañeros en su tránsito por París; aquí debo citar entusiastamente y con gratitud a Amado Avendaño Figueroa, cuyas explicaciones, paciencia, humor y modestia fueron luminosas.
2
Se ha estado hablando recientemente, sobre todo a propósito del reconocimiento constitucional de los Acuerdos de San Andrés, de la participación del EZLN en una organización política civil. Considerando que la existencia del EZLN como movimiento armado se sustenta en la falta de caminos civiles de lucha y reivindicación de los derechos fundamentales del pueblo indígena y aprovechando la visión a distancia que ustedes tienen, ¿cómo evalúan esta posible salida?, ¿qué riesgos implica desde su punto de vista?
MASSIMO DE ANGELIS: Como tú lo has dicho, me encuentro muy lejos de la realidad de México para efectuar un balance tan delicado acerca del poder entre las diferentes fuerzas y las perspectivas para los pueblos indígenas en ese contexto. Pero sé que una de las fuerzas de los zapatistas es su continuo rechazo a adoptar la forma del partido tradicional. No obstante, pienso que el EZLN está consciente del riesgo de pasar de una organización de comunidades indígenas a una puramente representativa de los intereses indígenas. Si esto último ocurre, el sueño del EZLN y los zapatistas estará terminado, y las comunidades indígenas serán la botana de los regateos electorales. Pero ¿hacia dónde ir?, ¿cómo avanzar? Evidentemente yo no puedo responder a estas cuestiones, sólo sé que adelante no es atrás. Ahí nuevamente, el futuro de las comunidades indígenas en ese contexto dependerá mucho de la habilidad con la que los movimientos sociales en el resto del mundo desarrollen sus luchas. Fuera de México nosotros tenemos la capacidad para hacer exactamente lo que los zapatistas hicieron por nosotros. Abrir un espacio para nosotros mismos y, haciendo esto, abrirlo para ellos.
COLLETIVO INTERNAZIONALISTA DE TORINO: Seguimos la evolución política del EZLN con gran preocupación.
Por un lado nos parece volver a situaciones ya vividas en el pasado, a pesar de que seguramente son diferentes. Los acuerdos de paz (firmados sin que se modificaran sustancialmente las causas del conflicto), a cambio del consecuente desmantelamiento de la guerrilla y su integración en fuerza política, han sido institucionalizados en América Latina y en otros países del mundo como instrumentos de los planes y estrategias antisubversivas diseñadas y afinadas por el imperialismo y sus gobiernos títeres y reaccionarios, siendo ellos mismos los únicos beneficiarios de este tipo de "pacificación". Los ejemplos sobran y los riesgos que este camino conlleva están frente a los ojos de todos.
Por otro lado nos parece que la elección de convertirse en fuerza política civil puede ser vista como la natural continuación de la trayectoria política seguida hasta ahora por el EZLN. Compartimos profundamente las ideas expresadas y los contenidos del llamado dirigido por el EZLN a la sociedad civil para que se movilice y se organice de manera horizontal, reconocemos su esfuerzo hacia la unidad, pero observamos algunas contradicciones. Consideramos que la unidad no puede afirmarse por decisión unilateral sino que debe desarrollarse necesariamente a través de un proceso democrático de acercamiento, para el que es preciso crear las condiciones. Una red incluyente de enlaces, entendida como un espacio no hegemonizado/hegemonizable, basada en la sociedad civil en su totalidad y no en un grupo particular, puede demostrar cuán provechosa es para todos establecer relaciones de mutua solidaridad. Tememos que el EZLN haya pensado poder dar forma a la unidad por medio de actos fundadores unilaterales. Por lo menos a partir del MLN, y todavía con el FZLN, nos pareció observar expresiones de un diseño de unidad decidido casi desde lo alto, y por lo tanto todavía de acuerdo con una vieja manera de hacer política, en vez de referirse al trabajo de enlace de un archipiélago de realidades a conocer, a respetar, si acaso a estimular, en una relación de mutuo apoyo y fuerte solidaridad.
MARC TOMSIN: Esta pregunta es para mí la más difícil. Me parece haberla respondido ya parcialmente en el momento de la consulta internacional en 1995: creo que la participación del EZLN en una organización "política" civil es ya una realidad en la vida de las comunidades en lucha de donde proviene. O sea que no se trata de una práctica aislada, como si todos los aspectos de la vida social estuvieran escindidos. Eso fue explicado muy bien por el propio Sub en una entrevista muy franca con la revista uruguaya Brecha a propósito de la democracia, de la comunidad y de la política: en las comunidades zapatistas hay "otra cultura política" que mezcla la historia, la memoria, la comunicación del pasado con el presente, la lucha, la experiencia colectiva y la resistencia comunitaria. Esta práctica y este pensamiento son una crítica de la política como actividad aparte. (No pienso aquí solamente en la caricatura política de los procesos electorales en curso en México o en Francia sino en lo que dice el Sub en Brecha: "Los partidos dividen a la comunidad y crean fracturas por todos lados".)
Esta reflexión crítica no es nueva ni específica de las comunidades campesinas indígenas: desde 1920, una corriente del movimiento obrero revolucionario alemán proclamaba que "la revolución no es un asunto de partido" y proponía una forma de organización unitaria, fundada sobre la experiencia de los "consejos" de fábrica, de soldados, de barrio... que no pueda ser gobernada desde arriba sino que se determine por la voluntad de sus miembros. Se puede también recordar que Traven, que provenía de esta misma revolución alemana, aconsejaba a los proletarios de Occidente, ya desde 1930, inspirarse en las prácticas comunitarias de los indígenas de México, particularmente a propósito de sus jefes (lo que rige también para el Sub).
De esta misma manera, hoy en Francia no puede haber "traducción política" de los movimientos sociales, como el del otoño de 1995, o de desobediencia civil a las leyes, a la lógica racista y xenófoba del estado, más que mediante el reconocimiento de la soberanía de esos movimientos y de su organización, sustentada en la asamblea de participantes. Desde mayo de 1968 fue escrito, por Maurice Blanchot, que "no se trataba solamente de tomar el poder para reemplazarlo por otro [...] sino de permitir manifestarse [...] una posibilidad de estar juntos que daba a todos el derecho a la igualdad en la fraternidad a través de la libertad de palabra [...] Es por eso que se podía prever que la autoridad derrocada, o más bien menospreciada, apareciera como una forma hasta ahora no vivida de comunismo, y que no era recuperable o reivindicable por ninguna ideología".
No veo otro camino posible para el EZLN en su participación-transformación en una organización "civil" que esta crítica comunitaria ejercida en la actividad política; que el de fundirse en el movimiento social afirmando su soberanía contra la lógica de los partidos, del poder... lo que Pierre Clastres denominó "la sociedad contra el estado".
FRIEDERIKE HABERMANN: No creo que sea posible juzgar esta transformación en un movimiento civil desde mi perspectiva. Con ella asocio el peligro de que el EZLN pierda su claridad, su autenticidad y por lo mismo su fuerza de fascinación. No hay política verdadera en la política falsa y no es posible vencer un sistema usando sus propias reglas. Por otro lado, no veo otro camino para salir de la situación. Admiro su valor y coraje, pero no quiero muertos mártires.
ULRICH BRAND: Por supuesto, estoy en favor de un cambio radical en México mediante luchas populares civiles. Por supuesto, espero que el ¡Ya basta! armado de los zapatistas sea más un símbolo para despertar y fortalecer a las fuerzas progresistas. Supongo que, lamentablemente, el sistema del PRI no dejará el poder sin violencia como fue el caso en Europa del este. En una sociedad capitalista como la mexicana, y además muy vinculada con el poder estadounidense, las élites tienen mucho más que perder que las élites en el socialismo autoritario (además de que éstas se encuentran en el poder bajo otros lemas). Me gustaría sin embargo equivocarme en esto.
3
Desde un inicio los zapatistas marcan una diferencia sustancial con los movimientos armados anteriores rechazando el papel de vanguardia del proceso revolucionario. Abiertamente señalan que la creación de un mundo nuevo corresponde a toda la humanidad donde ellos representan sólo una parte y hacen un llamado para que cada quien en su espacio pelee por sus propias demandas, con sus propios medios (y no a sumarse a la lucha armada). Esto permite a cada uno asumir su responsabilidad en la lucha pero no en la de los otros sino en la suya propia. Desde su perspectiva, ¿cuáles son las líneas que permitirían avanzar en una simultaneidad o confluencia de las luchas en el mundo?, ¿cuáles serían las bases de lo que podríamos llamar el zapatismo internacional?, ¿es posible hablar de un zapatismo internacional?, ¿cuáles son los vínculos del zapatismo con otras luchas?
MARC TOMSIN: Mi intento de respuesta a la segunda pregunta parece haber anticipado la tercera, por lo menos en lo referente a la convergencia de las luchas en el mundo. Con respecto a un zapatismo internacional... la famosa frase "el zapatismo no es, no existe. Sólo sirve como sirven los puentes, para cruzar de un lado a otro" es esencial. El zapatismo internacional no sería sino una ideología más que habría que combatir, o al menos criticar (el anarquismo no escapa tampoco a este señalamiento desde mi perspectiva). Es cierto que los zapatistas manejan las paradojas con virtuosismo y que en las palabras de los emisarios del EZLN en Francia, en noviembre de 1996, el término zapatismo se mencionaba incesantemente. Si se trata de una fórmula mágica para expresar lo inexpresable, sea. Pero, repetida delante de un auditorio cultural y político, la fórmula no actúa, produce confusión, refuerza incluso el "confusionismo" de esta intelligentsia parisina (tan bien representada por el artículo del Monde Diplomatique de enero de 1997: "El gran viraje de los zapatistas") que se atemorizó de ver el teatro del Odeón invadido, el 11 de noviembre de 1996, por un centenar de Sin Papeles de África, Asia y Europa, que acudieron con sus amigos e hijos a encontrarse con los zapatistas, ocupando así por algunas horas este santuario de la cultura. Escuchándose y comprendiéndose, las palabras de los explotados chinos, africanos o turcos terminaron por encontrarse con las de los dos enviados del EZLN. En la transgresión del carácter cultural del teatro por la ocupación de su espacio, y sobre todo de la escena reservada a los comediantes y a los intelectuales de renombre, estaba la respuesta a la pregunta acerca de lo que enlaza sus luchas con el "zapatismo". Estos encuentros no pueden llevarse a cabo más que en contraposición a los poderes. Eso pasó muy poco en el Intergaláctico del verano pasado en Chiapas y, desgraciadamente, se vislumbra todavía menos en la preparación de un "Intergaláctico II" en Europa. Es la rebelión la que enlaza nuestras luchas con el zapatismo, la insurrección indígena y campesina de las comunidades de las montañas del Sureste mexicano.
FRIEDERIKE HABERMANN: Para mí las líneas y bases de la comunidad de las luchas se caracterizan por la democracia radical y necesariamente por eso anticapitalista, antirracista y antisexista, porque si todos participan no será posible que un grupo domine a los otros.
Creo que existe una red del zapatismo internacional bajo estas líneas. Sin embargo, todavía no estamos seguros de que efectivamente estamos todos de acuerdo. Por ejemplo, cuando hablamos sobre neoliberalismo, ¿estamos en contra de esta fase del capitalismo (es decir, queremos la política a la Keynes y la sustitución de importaciones) o somos anticapitalistas? Cuando hablamos sobre el patriarcado, ¿estamos todos entendiendo lo mismo? ¿Consideramos al capitalismo como una fase del patriarcado o creemos que es una contradicción ajena a él? ¿Qué significa feminismo?
Es necesario impulsar muchas más discusiones colectivas para exponer y confrontar nuestras ideas con mayor profundidad.
Los vínculos del zapatismo con mis propias luchas son muy amplios. Directamente estoy tratando de extender la idea y ampliar la red del zapatismo a través del colectivo REDaktion y Zapapres; indirectamente, la gente con la que lucho y participo es gente con un conocimiento de política zapatista, incluso si no la identifica como tal e independientemente de que lo sepa o no.
MASSIMO DE ANGELIS: Hay tres elementos que se deben tener en cuenta cuando hablamos de la lucha internacional. Primero, la circulación de las luchas mundiales;[7] segundo, su amplificación, y tercero, la constitución de un mundo nuevo, es decir, humano. Las luchas circulan por medio de las comunicaciones y de las acciones coordinadas, pero no necesariamente se amplifican por este camino. La circulación puede darse sobre bases de solidaridad exclusivamente. Por ejemplo, se puede organizar un mitin frente a la embajada mexicana en Londres -como hicimos- en solidaridad con los pueblos indígenas de Chiapas. Por supuesto es importante pero no es suficiente. Sólo cuando convertimos la lucha de los zapatistas en nuestra lucha, cuando nos trasladamos de la embajada mexicana (por decir) a la calle Downing (sede del gobierno británico), contribuimos a amplificarla. Y sólo cuando al hacerlo nos preguntamos con qué sustituimos su mundo hacemos avanzar la base de nuestras demandas y logramos hacer de nuestras luchas luchas constitutivas. Estos tres pilares pueden ser forjados en nuestras luchas sólo de una manera: "preguntando caminamos", como aprendimos de los zapatistas. Necesitamos preguntarnos a nosotros mismos y encontrar las respuestas en un encuentro y muchos más. El primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo fue uno de ésos. El siguiente será todavía mejor porque tenemos la experiencia del primero y de lo que no funcionó en él. Y una de las cuestiones que permitirá circular las luchas, amplificarlas y constituir un mundo nuevo es que aseguremos que en el próximo encuentro haya muchos representantes de los movimientos populares de todos los países. Esto implica que los organizadores nacionales deben asegurar/promover su participación.
Éstos son los principios bajo los cuales podemos hablar de un zapatismo internacional: una serie de encuentros internacionales en los que los participantes no sean solamente "solidarios" con los zapatistas, que no reconozcan a los zapatistas como el sujeto combativo sino como uno de los sujetos en lucha. El zapatismo internacional se construye cuando los trabajadores fabriles del mundo, los estudiantes, las mujeres, los empleados de oficina, los maestros, los desempleados, campesinos, pueblos indígenas, trabajadores de salud, etcétera, se reconocen entre sí como seres humanos que enfrentan un enemigo común. Cuando el reconocimiento del "otro" es una necesidad para uno mismo. Cuando en cualquier parte del mundo los que han estado tratando de organizarse en contra de políticas neoliberales reconocen a los zapatistas como uno de ellos. Cuando estas mismas gentes sean conscientes de que sin la libertad y aspiraciones de los pueblos indígenas no hay solución a sus problemas, en cualquier país en que se encuentren, y viceversa. Cuando este reconocimiento brote en cualquier lucha sobre cualquier simple aspecto que estemos enfrentando, la humanidad que estamos construyendo va a ser tan sólida como una roca porque las propuestas que estamos impulsando no podrán volverse en contra nuestra. De hecho, es en el reconocimiento de cada uno como necesario para cada otro que podemos definir nuestra humanidad, y cuando eso ocurre el poder del dinero no puede usar sus diferencias en contra nuestra, como instrumentos de división.
En este contexto, el único significado que puedo atribuirle al zapatismo internacional es el de espacio crucial de lucha, dignidad y esperanza, creado por los zapatistas dentro de la desesperanza e inhumanidad del mundo neoliberal. Pero la palabra zapatismo está destinada a desaparecer en el proceso de mestizaje entre los muchos nombres de los "héroes locales", y con ella las aspiraciones, necesidades, deseos, libertad y dignidad locales. En una palabra, el zapatismo es todavía una categoría de lucha por un mundo humano, en un contexto en el que confrontamos un poder organizado para arrebatarnos nuestra dignidad y humanidad en nombre del dinero.
El constreñimiento de la propia lucha zapatista depende enteramente de la coordinación internacional de las luchas de la sociedad civil en México y especialmente en el mundo. Tenemos la capacidad de romper el cerco y abrir más espacios a los zapatistas y su lucha ayudando a su amplificación. Nuevamente, el encuentro internacional es la máxima prioridad en este proyecto.
COLLETIVO INTERNAZIONALISTA DE TORINO: Nos parece que existe el riesgo de hacer una buena teoría y una práctica (una propuesta política) no tan buena o contradictoria. De hecho el proceso unitario presenta, a nivel internacional, los mismos problemas y posibles errores que a nivel nacional o local: no tenemos que confundir la unidad con la unificación, o sea el intento de poner bajo una misma bandera, una única sigla, realidades diferentes que tienen derecho a existir y gozar de la más amplia autonomía.
Existe una multiplicidad de individuos, grupos, organizaciones y pueblos en lucha y resistencia contra el neoliberalismo y por la humanidad, cada quien con su historia, cultura y referencias propias. Es necesario descubrir estas realidades, darlas a conocer, crear espacios físicos (periódicos, boletines, sitios en internet, radio, lugares y ocasiones de encuentro, etcétera) donde éstas puedan encontrarse, salir del olvido y el aislamiento, en un proyecto de red internacional que les permita conectarse de manera horizontal, sin jerarquías, ni centros decisorios. Un espacio de todos y para todos, con iguales oportunidades. Una red para recoger y amplificar la denuncia, recibir y difundir informaciones y experiencias, solicitar y dar apoyos, acumular y concentrar las fuerzas para golpear juntos al enemigo, sin otros vínculos que la honestidad en este intento común. A nuestro parecer son éstas las líneas que permitirían el progreso y la confluencia de las luchas en el mundo.
¿El papel del zapatismo en esta red? Evidentemente el de un punto, aunque más reluciente y más activo que otros, pero siempre un punto junto con otros diez, mil, diez mil... Intentar hacer del zapatismo una referencia para todos (para la lucha del pueblo palestino, los sindicalistas nigerianos, los independentistas de Timor-Este, los emigrantes africanos en Europa, los obreros italianos despedidos de la Olivetti, etcétera) sería forzado e inútil. Ni siquiera tendría sentido, consideramos, intentar alcanzar el objetivo de crear una base zapatista civil en el extranjero, reclutada en el ámbito de la solidaridad que surgió alrededor del EZLN. No nos sirven otros mitos, otros cultos, otras ideologías: nos sirve poder mirar al EZLN como a aquel punto que, también subvirtiendo esta misma lógica, ha marcado el comienzo de una nueva época.
ULRICH BRAND: He estado estudiando las luchas emancipativas en Argentina y Uruguay. Creo que el gran error era, y es, la postura de vanguardia revolucionaria (armada o no). La emancipación es un proceso individual, y al mismo tiempo social, que debe realizarse por aprendizaje (y por errores) y no por la adopción de las verdades de una vanguardia. Sin conocer la realidad zapatista de una manera profunda creo que los zapatistas lo hacen así. Probablemente ahora no se vislumbra como un proceso radical democrático pero su práctica lo es y eso es lo que me gusta de ellos.
Estoy muy de acuerdo que un mundo nuevo no se crea con armas revolucionarias. La lucha armada en una sociedad capitalista no es la misma cosa que la lucha armada en una sociedad casi feudal como fue el caso en Cuba, Nicaragua, en muchos países de África y Asia y hasta en Rusia en 1917. La lucha armada en una sociedad capitalista con su variedad de poderes (incluso el poder patriarcal) es una lucha defensiva y, aunque por supuesto legítima, como en Chiapas, para defender sus necesidades, no puede llegar a ser nunca una medida ofensiva en la marcha difícil hacia cambios radicales (en muchos casos, incluso en Alemania occidental, la lucha armada era contrarrevolucionaria).
En cuanto a la simultaneidad o confluencia, el gran vínculo entre el zapatismo y nuestras luchas es la resistencia en contra del neoliberalismo aun sin tener alternativas claras. No veo una confluencia en el terreno de la lucha por destruir el sistema de partido de estado, necesaria en México, porque en muchos países el poder político no es tan claramente identificable.
Un problema para esa confluencia hasta ahora es que "el neoliberalismo" no ha sido bien entendido. Algunos se refieren a él como responsable de todo el mal. Otros ven una política económica de los partidos conservadores que se podría abolir con políticas socialdemócratas. Éstas son perspectivas muy limitadas. Creo que hay que entender que detrás del neoliberalismo hay intereses de grupos poderosos, que el neoliberalismo es el resultado de ciertas estrategias dominantes, del debilitamiento de las clases subalternas, que el neoliberalismo es la causa de la globalización. Si los gobiernos y sus intelectuales quieren hacernos creer que la globalización es algo "natural" hay que decir que los gobiernos mismos, junto con las empresas, construyeron la globalización abriendo las economías nacionales, desregulando los mercados financieros, etcétera. La causa principal es el cambio de las relaciones de fuerza en favor de las clases dominantes, la recuperación de una alta tasa de ganancia, la destrucción de los derechos de los trabajadores. La globalización no es algo "natural", la globalización es lucha de clases, es algo muy real y simultáneamente un argumento muy ideológico para justificar cualquier política en contra de los intereses de la humanidad.
El gran problema es que a nivel global no existen formas de resistir, tampoco de los zapatistas. Pero el gran mérito de los zapatistas es que un movimiento de liberación nacional entendió el contexto global de su lucha (no solamente en el sentido de pedir solidaridad directa con ella) y que hay que empezar con formas de lucha a nivel global, al punto de que organizaron un Encuentro para promover este proceso. Pero sería un gran error, muy arrogante y en desacuerdo con el mismo zapatismo, ver a los zapatistas como los primeros y únicos. Ya existen muchos esfuerzos de internacionalizar las luchas emancipativas al nivel regional y mundial. El gran desafío del segundo Encuentro va a consistir en su capacidad de abrirse hacia otro tipo de luchas, por ejemplo, las sindicales.
Sí creo que se puede hablar de un zapatismo internacional. Sólo que es ambivalente porque muchos compañeros y muchas compañeras tienen todavía una perspectiva casi romántica de los zapatistas. No entienden el mandar obedeciendo sino que obedecen ante un supuesto mando de los zapatistas. Una internacional zapatista tendría que realizarse independientemente de los zapatistas en Chiapas, y al mismo tiempo con ellos como una parte muy importante e innovativa, y pienso que esto está empezando. Por esta razón podría ser difícil usar el término zapatismo, pero es algo que está por verse.
Con respecto a Alemania creo que el movimiento de solidaridad con Chiapas es muy débil y al mismo tiempo muy fuerte. Desde la perspectiva de la "cantidad", con la revolución en Nicaragua miles de compañeros se organizaron en Alemania e hicieron un buen trabajo. Pero en muchos casos era muy restringido porque todavía se trataba de la "exportación" de los deseos revolucionarios de aquí hacia allá. Esto propició que, con la victoria de Chamorro, miles dejaran de militar: el querido objeto de la solidaridad había desaparecido.
Hoy en día son pocos los que militan en grupos de solidaridad -aunque el interés por Chiapas y el EZLN es bastante grande en grupos de base-, pero yo diría que es más "sostenible", los militantes ven más las ambivalencias, por ejemplo de la referencia a la nación, a la sociedad civil. En el grupo Penumbra, donde milito yo en Alemania, estamos conscientes de que la solidaridad directa es necesaria pero que tenemos que integrarnos en las luchas de aquí.
Pocos intelectuales, militantes de partidos o de sindicatos en Alemania se interesan por Chiapas y el zapatismo. La victoria del neoliberalismo deja las luchas defensivas en un marco nacional(ista) que resulta paradójico justo en tiempos de la globalización, pero es así.
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¿Cuáles son las principales aportaciones del zapatismo a los movimientos y procesos de emancipación en el mundo?, ¿cuáles son o podrían ser las aportaciones del mundo a los zapatistas?
MARC TOMSIN: Teniendo en cuenta lo que dije sobre el término "zapatismo", los principales aportes de estas comunidades en lucha por el proceso de emancipación en el mundo consisten en haber sabido mantener su unidad al tiempo que se ponían en movimiento, cuestionando, por ejemplo, algunos aspectos de la dominación en el propio seno de las comunidades. Evidentemente la que ejercen los hombres sobre las mujeres, con todas sus consecuencias sobre los niños, la educación, etcétera.
El segundo aporte principal concierne al reconocimiento fundamental de esa democracia directa donde la palabra de cada uno y de cada una debe ser dicha y escuchada. Esta liberación del lenguaje, del pensamiento crítico y de la imaginación, que yo había experimentado en mayo de 1968 en Francia, la volví a encontrar con los zapatistas del fin del siglo XX, que han sabido hacerse oír en el mundo entero.
Las "aportaciones" del mundo a los zapatistas tienen relación también con la palabra: cuando los pueblos encuentran en su seno la fuerza y el valor para rebelarse, la paciencia para organizarse y la riqueza de su memoria, las bases de una solidaridad planetaria existen y, por tanto, las de creación de redes de ayuda mutua, de diálogo, de reflexión, donde la crítica y el respeto deben ir juntos.
Hay otro punto a destacar: las comunidades insurgentes de Chiapas han puesto en evidencia la lógica económica mundial, ya sea que se denomine capitalismo, privado o estatal como en los países que fueron llamados "socialistas", neoliberalismo o sociedad espectacular-mercantil... Esto también es válido para los movimientos sociales en Europa o en Asia; sabemos menos lo que ocurre en África pero, si consideramos las luchas que se autoorganizan y se desarrollan entre los inmigrados en Europa occidental, la esperanza es grande.
FRIEDERIKE HABERMANN: Me parece que la aportación principal del zapatismo a los movimientos es el conocimiento de que no es necesario conquistar el mundo, sino que es necesario que lo hagamos de nuevo: andando, preguntando, riendo y soñando. Eso no es más fácil; es, al contrario, lo más difícil, porque hacer de nuevo el mundo implica que nos hagamos de nuevo también a nosotros mismos. Pero si seguimos este camino juntos (solos no podemos crearlo) podemos ir creando, al mismo tiempo, distintos pedazos del mundo que queremos.
La aportación principal del mundo a los zapatistas fue la conciencia de que no están solos, y ojalá no sea posible destruirla militarmente.
MASSIMO DE ANGELIS: La mayor contribución del zapatismo es que rompió el impasse o estancamiento en el que estábamos metidos, un impasse en el que la esperanza no existía, las necesidades humanas eran reemplazadas por la necesidad del mercado, y el pasado, el presente y el futuro sólo podían ser entendidos de la manera como los banqueros entienden la vida y el tiempo, bajo la fórmula de la tasa de interés compuesto.
Hicieron también dos aportaciones metodológicas cruciales en lo que concierne al método de transformación social. Primero, con su idea de "mandar obedeciendo", colocaron en la práctica política dos siglos de literatura sobre la democracia directa en Occidente junto con los dos mil años de experiencia en democracia directa de las comunidades indígenas, al punto que, actualmente, cualquiera que reflexione acerca de la práctica política tiene que considerar la experiencia zapatista. Segundo, reivindicando su "preguntando caminamos", no sólo establecieron la prioridad correcta de las preguntas sino también el entendimiento de que para que estas preguntas sean las correctas deben ser planteadas por la propia gente involucrada en la lucha. Un movimiento basado en el "preguntando caminamos" sólo puede ser un movimiento suficientemente humilde como para preguntar y suficientemente firme como para no permitir que las respuestas provengan de algún líder autoritario y místico. Y en el proceso de preguntar avanzamos y nos enfrentamos a los problemas tal como son. Y en el proceso de preguntar luchamos para vencer los obstáculos que se nos presentan. Y en el proceso de preguntar también bailamos y cantamos desenmascarando a la política de su manto alienado de seriedad profesional. La política se convierte en un asunto humano en su totalidad. Su concepto de política es tan simple como el que se enuncia en la carta de Marcos al EPR (29 de agosto de 1996): que la gente sin partido u organización se ponga de acuerdo en lo que quiere y en la manera de lograrlo. Pero tal simplicidad es en realidad el punto de entrada a un conjunto de cuestiones esenciales que no tienen respuesta fácil, y solamente la gente involucrada en intercambios y luchas comunes puede formular estas preguntas con la esperanza de encontrar respuestas. El Encuentro fue simplemente un momento en el que estas cuestiones pudieron ser formuladas.
Hay tres cosas especialmente que el mundo puede aportar a los zapatistas: espacio, "gallineros" y respeto. Lo primero a través de nuestras luchas en contra del neoliberalismo en nuestro lado del mundo. Lo segundo mediante apoyo humano y logístico directo a las comunidades indígenas para ayudarlas a lidiar con el ejército federal y la mercantilización en las tremendas circunstancias materiales en que se encuentran. Lo tercero siendo capaces de escuchar sus palabras, sus relatos y sus modos de gestionar las decisiones colectivas.
COLLETIVO INTERNAZIONALISTA DE TORINO: El zapatismo ha significado para muchos la superación definitiva de un viejo modo de hacer política, la expresión y el ejemplo de un actuar nuevo, tanto en los contenidos como en la forma. En el nivel de las bases la exigencia de todo esto ha sido siempre más sentida. Sin embargo se trata de un proceso todavía incipiente. En efecto, si la experiencia en las comunidades indígenas y la aportación teórica han permitido definir en parte las ideas para empezar, es necesario un gran esfuerzo de todos para encontrar las formas más adecuadas para su realización. Los impactos son numerosos y representan una verdadera revolución.
Las ideologías predefinidas en las que se sientan inútiles divisiones son sustituidas por la denuncia de la situación real y la lucha basada en objetivos concretos y unificadores: democracia, libertad, justicia, tierra, casa, trabajo, etcétera.
La falta de comunicación se sustituye por el esfuerzo para que la voz llegue hasta cada rincón, a través de todos los canales posibles, dirigiéndose a los corazones antes que a las mentes, con un lenguaje que permite dialogar con todos, no sólo con los "especialistas".
El "más vale pocos y buenos", el vanguardismo, verticalismo y burocratismo de partido se sustituyen por el esfuerzo para involucrar a los más amplios sectores de la población, a la "sociedad civil", tanto a sus organizaciones como a los simples individuos, el llamado a la participación de todos los que están honestamente interesados en el cambio; la democracia desde abajo, comenzando por nuestras organizaciones, sin afanes de protagonismo ni concentraciones de poder.
Experiencias históricas pasadas y presentes nos muestran cuán poco fiable es un proceso revolucionario que excluye de su dirección a los mismos protagonistas. Ha sido la falta de democracia -opinaban dos exjefes guerrilleros sudamericanos presentes en el Encuentro Intercontinental- una de las causas fundamentales del fracaso de los procesos revolucionarios en América Latina, así como de la falta de participación que padecen los movimientos.
La idea de la "conquista del poder" se sustituye por la del crecimiento de una sociedad civil organizada para ejercerlo, según el principio del "mandar obedeciendo". Consideramos fundamental haber concentrado la atención sobre la exigencia de una democracia real desde abajo para no repetir los errores del pasado. Sin embargo nos parece que no hay que correr el riesgo de olvidar la otra parte del asunto: ¿cómo resolver el problema de la existencia del enemigo de clase y por lo tanto de su subordinación a la voluntad de la así llamada "sociedad civil", en una sociedad en la que la división en clases permanece como elemento determinante? ¿Cómo, si no exactamente ejerciendo un poder conquistado? ¿Quizás en este caso también se puede pensar en "convencer y no vencer"?
ULRICH BRAND: Sobre las principales aportaciones del zapatismo ya dije algo. Me parece muy importante que los zapatistas hayan aclarado ya muchas veces que no quieren y tampoco pueden dirigir las luchas internacionales o una internacional zapatista, porque todavía muchos pretenden asignarles ese papel.
Las aportaciones del mundo a los zapatistas son la solidaridad directa mandando ayuda, informando, protestando, participando en campamentos de paz. Es muy importante y me parece bien aunque siempre podría ser más intensa. Para las luchas concretas creo que "el mundo" no puede aportar nada porque no conoce las circunstancias. Hasta ahora la lucha zapatista queda necesariamente en el marco nacional de México y, probablemente, es difícil escuchar tantas voces desde afuera; y no se puede olvidar que están actuando bajo condiciones de guerra. Comparto la perspectiva de los zapatistas acerca de que la aportación más importante desde afuera es la lucha por el cambio radical de las condiciones sociales internacionales que causan la pobreza y el levantamiento.
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Brevemente, ¿cuál sería su valoración de los últimos tres años en términos de la lucha o de la concepción revolucionaria en el mundo?
MARC TOMSIN: El "despertador mexicano" se hizo oír hasta en el corazón de los parisinos que pensaban saberlo casi todo con respecto a la cuestión social y revolucionaria. Tocó también el corazón de los viejos anarquistas españoles que nunca se rindieron y que han sobrevivido a todas las represiones. La palabra libre regresó con la práctica de las asambleas soberanas; la crítica de las escisiones (política, economía, cultura, sociedad...) deberá todavía agudizarse; la autoorganización de las luchas, de las resistencias a la dominación económica, deberá todavía afirmarse. Personalmente, todo esto me ha puesto en contacto y en armonía con las generaciones jóvenes de insurrectos. Mientras tanto, en el movimiento mismo de solidaridad con los zapatistas, los viejos esquemas centralistas y vanguardistas perduran, los militantes de la política revolucionaria intentan reconstruirse una virginidad; no debemos dudar en ponerlos de cabeza, tal y como ocurrió con la intelligentsia de la izquierda parisina en el Odeón.
El movimiento social ha vuelto a encontrar, en estos tres años, el sentido de la palabra, de la asamblea y de la democracia directa. Le es necesario ahora tomar confianza en sí mismo y proclamar su soberanía.
FRIEDERIKE HABERMANN: Los zapatistas demostraron que después del "fin de la historia" (Francis Fukuyama) se puede decir "¡Ya basta!" Este movimiento se inició en Chiapas, pero mientras tanto ocurrió también en casi todo el mundo. Los zapatistas demostraron que hay seres humanos que no proceden de acuerdo a la racionalidad establecida, pensando sólo en sus propios intereses, sino que están lo suficientemente locos como para arriesgar sus vidas buscando realizar sus sueños acerca de la posibilidad de una vida basada en la dignidad y en la comunalidad. La red de una "glocalización" -global y local al mismo tiempo- de las luchas y de los sueños se extiende. Los zapatistas en Chiapas no se quedan solos.
MASSIMO DE ANGELIS: En los últimos tres años se ha visto un resurgimiento de las luchas en todo el mundo. Empezando por las revueltas generalizadas en África y América Latina contra las políticas de ajuste estructural, las de uno de los llamados "tigres" asiáticos como Corea del Sur, las de otras de las economías del sudeste asiático como Indonesia, hasta las del norte del mundo como la de los trabajadores de la General Motors en Estados Unidos, de los ferrocarrileros en Francia y de los portuarios en Reino Unido, entre otros. Lo que parece estar ocurriendo es una inversión de la marea en la cual no solamente las luchas se amplían sino que también tienden a conectarse entre sí. Las políticas globales del neoliberalismo están propiciando luchas en todas partes del mundo que tienden a presentar caracteres básicos similares. Ya se sienten en una parte del mundo los efectos de las luchas que se producen en la otra parte. No sólo en el nivel material (véase por ejemplo la lucha de los portuarios de Reino Unido que no hubiera podido existir sin la de sus similares en Estados Unidos, Australia, Portugal, Veracruz en México, Bélgica, Italia, etcétera), sino también en el reivindicativo, la gente se está rebelando en contra de los modos de vida que nos están tratando de vender en nombre de la economía y la competitividad. Tenemos como ejemplo uno de los acontecimientos recientes que más han contribuido a mostrar que los pilares del poder no son tan sólidos, sino que están hechos de cartón: la oleada combativa de los trabajadores de Corea del Sur. Hace sólo quince años, cuando en Italia se empezaban a introducir las primeras políticas neoliberales en el mercado laboral, Corea del Sur era uno de los grandes modelos que se nos presentaba como la tierra de los trabajadores felices, una tierra orientada a la exportación, etcétera. Ahora los ejecutores globales de las reglas del dinero y la indignidad han perdido incluso ese modelo, ¡todo era una mentira!
COLLETIVO INTERNAZIONALISTA DE TORINO: Es difícil evaluar el impacto real del EZLN en la lucha o en la concepción revolucionaria en el mundo. Las líneas de comunicación alternativas tienen todavía muchas fallas, cuando no son totalmente ausentes. Pero a pesar de la censura en los medios de información aparece muy evidente un dato: existe una reanimación de las luchas en el mundo y éstas involucran a estratos cada vez más amplios de la población en países diferentes, a menudo rompiendo los diques del control sindical y de los partidos. Es una señal del difundido y creciente malestar social, resultado de la aplicación universal de la doctrina neoliberal, además de las ganas acumuladas de cambio. Sin embargo nos resulta difícil evaluar si los acontecimientos mexicanos de los últimos tres años han influido en estas luchas: sea porque de hecho el alzamiento zapatista todavía no ha producido resultados concretos tales que le permitan ser vivido como ejemplo a seguir, sea porque la información difundida por los medios de información oficiales ha sido poca y no objetiva. La solidaridad y los medios de comunicación alternativos logran alcanzar una parte limitada de la población.
Por lo que se refiere al ámbito de la solidaridad que ha crecido alrededor del EZLN, observamos que, aunque existan seguramente datos positivos, queda todavía un largo camino a seguir para que desde la buena teoría se pase a actitudes y mecanismos de funcionamiento efectivamente democráticos: frecuentemente se ha tratado de una pincelada de color, exterior, superficial, más que de un cambio profundo en la manera de relacionarse y trabajar juntos.
Otra cosa es el nivel de la izquierda institucional: los varios señores de la política, responsables directos o corresponsables de la política neoliberal llevada a cabo por el gobierno italiano, han utilizado como adorno para su imagen la relación con la comandancia zapatista o el encuentro con "el Sub". Pero naturalmente nada ha cambiado en su acción política.
ULRICH BRAND: Con respecto a la lucha o a la concepción revolucionaria (preferiría hablar en plural) en los últimos tres años, soy a la vez pesimista y optimista. Pesimista porque las luchas reales en muchas partes del mundo no son muy emancipativas sino más bien reaccionarias y mortales. Las guerras económicas y militares están creciendo, la destrucción del medio ambiente y la tendencia hacia políticas autoritarias también.
Pero soy optimista porque lentamente se desarrolla una conciencia de los límites del sistema neoliberal. Estoy convencido de que durante las luchas se ven también los límites del sistema capitalista y patriarcal en general, o sea que no es posible ni deseable volver a la fase "fordista" y del estado de bienestar que para una gran parte de la humanidad no significaba bienestar. (Un aspecto de la lucha en Alemania consiste en convencer a los movimientos en contra del neoliberalismo que todavía quieren volver a esta fase.) Pero hay que ver que el sistema no se autolimitará sino que hay que ponerle los límites. Es una tarea tremenda porque los mecanismos de poder son muy desarrollados, dinámicos y en muchos casos también sutiles.
Por ejemplo: para los zapatistas es crucial abrir espacios sociales para la discusión, para la organización de intereses, etcétera. En un país como Alemania esto es también un problema. Pero la causa no es un partido autoritario como el PRI que trata de controlar todos los espacios públicos, sino la subordinación de cada vez más espacios públicos a la lógica de la ganancia. La gran mayoría de los medios de comunicación es independiente del estado o de los partidos políticos pero vive de la publicidad.
Mucha gente está muriendo y va a morir, las condiciones de vida están empeorándose, los poderes económicos, políticos y culturales están fortaleciéndose. Pero, en general, no hay alternativa al proceso de (auto)aprendizaje, al proceso democrático, aunque en algunos casos la contraviolencia me parece necesaria. Todavía tenemos que aprender práctica y teóricamente cuáles son las posibilidades y los límites de la revolución o, mejor, de las revoluciones. Hasta ahora, la resistencia significa sobre todo frenar la destrucción pero mediante las luchas emancipativas, mediante muchos esfuerzos pequeños, mediante el cuestionamiento cotidiano del poder, mediante el ataque de las instituciones poderosas, lentamente va a cambiarse la actitud defensiva hacia la creación de alternativas. No en un punto, en una lucha final, sino lentamente en un proceso de resistencia, de solidaridad y de aprendizaje.
Notas:
[1] |
Massimo de Angelis es profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Londres y fundador del grupo fHUMAN en apoyo a la rebelión zapatista. |
[2] |
Se refiere a Harry Cleaver, fundador del grupo / red Acción Zapatista de Austin, Texas. |
[3] |
Friederike Habermann es una economista alemana que estuvo presente en el Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo y pertenece al colectivo REDaktion y Zapapres. |
[4] |
Los entrevistados fueron Adelina Bottero y Luciano Salza, quienes además de estar presentes en el Encuentro Intergaláctico participaron en los Campamentos Civiles por la Paz. Las respuestas son el resultado de una discusión en el Colletivo al que pertenecen. |
[5] |
Ulrich Brand es investigador en la Universidad de Frankfurt/Main sobre el papel democratizador de las organizaciones no gubernamentales en la política medioambiental global; miembro de la redacción de la revista socialista Links (Izquierda); colabora en varias revistas; miembro del grupo internacionalista Penumbra que se formó después de la invasión del ejército mexicano en Chiapas, en febrero de 1995, y estuvo presente en el Encuentro Intergaláctico. |
[6] |
Marc Tomsin forma parte del Comité de Solidarité avec les Peuples du Chiapas en Lutte (Comité de Solidaridad con los Pueblos de Chiapas en Lucha) de París, estuvo en el Encuentro Intercontinental, participó activamente en el movimiento de mayo de 1968 en París y actualmente es corrector de edición y sindicalista. |
[7] |
Los autonomistas hablan de circulación de la lucha como contrapartida a la circulación del capital.
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